Los libaneses empezaron a llegar a México desde las últimas décadas  del siglo XIX y
se integraron  a la nueva sociedad desde la primera generación. Hoy los mexicanos
conocen a los libaneses como amigos de la infancia, como vecinos o compañeros de
la escuela o en la profesión. En breve, se encuentran presentes en todos los ámbitos
de la vida nacional mexicana.

El fenómeno de la emigración libanesa forma parte fundamental de la historia
moderna y de la cultura de este país ya que el Monte Líbano comenzó a vivir una
época marcada por la escasez de recursos después de aislarse de su entorno con el
régimen de Mutasarifiya en 1861, las tierras eran infértiles y la agricultura fue y
siempre ha sido un sector difícil de aprovechar.

Para finales del siglo XIX y principios del XX los libaneses comenzaron a buscar una
mejor forma de vida para sus familias y futuros descendientes en otras regiones del
mundo, y aunque haya sido una necesidad dolorosa,  la emigración ha traído
consigo beneficios muy positivos para Líbano y para los países donde se han
establecido los libaneses. Con su participación activa y constructiva en el comercio,
la industria, la política, cultura y la economía de cada una de las sociedades a las que
se integraron.

Un gran número de los primeros libaneses que llegaron a México se dedicó al
comercio ambulante, deambulando por los distintos pueblos del país y barrios de las
ciudades, vendiendo una gran variedad de mercancías que exhibían en cajones
colgados de sus cuellos o carretas.

La gran mayoría era gente originaria de aldeas montañosas y pertenecía a familias de
agricultores o granjeros. La emigración fue muy difícil, matizada por la pobreza y la
dificultad para realizar estudios medios y superiores. Asimismo, su integración a la
sociedad no fue fácil  en un principio, por muchos factores cómo el desconocimiento
del idioma y las diferencias culturales. Los primeros libaneses se establecieron en
sociedades que los mantuvieran unidos, dedicando catorce o quince horas al
trabajo.

Recurrían al abono para que su mercancía pudiera ser adquirida por gente humilde o
de muy limitados recursos. En sus labores como ambulantes, muchos crecieron y
ascendieron rápidamente, forjando así muchas empresas que se convirtieron en
fuentes de trabajo para miles de individuos y familias. Su adaptación se facilitó al
adoptar los valores de una sociedad a la que terminarían integrándose
completamente.

Durante la presidencia de don  Porfirio Díaz, donde la norma era alentar la inversión
extranjera y el comercio estaba restringido a unas cuantas sucursales, refinerías de
azúcar y otras factorías, el trabajo de los inmigrantes libaneses contribuyó de
manera fundamental para que la economía mexicana siguiera creciendo. Razón por
la que el gobierno mexicano alentó la llegada de emigrantes libaneses.

En está época, se firmaron acuerdos en los estados de la república mexicana para
tratar de concentrar a los extranjeros en ciertas áreas. Afortunadamente, los
libaneses no fueron incluidos y se dispersaron al azar hacia lugares donde hubiera
gente de sus mismos pueblos o grupo religioso. Aunque es raro ver hoy pueblos sin
al menos un descendiente libanés, casi todos preferían los grandes centros urbanos.

De igual manera, cuando inició la Revolución Mexicana, los libaneses actuaron como
proveedores de bienes de diversas clases. Del abono callejero pasaron a la tienda,
luego a  los pequeños almacenes con todo tipo de mercancías, principalmente telas
y vestido.

En 1921, terminada la Primera Gran Guerra, los Estados Unidos decretaron leyes
migratorias muy restrictivas hacia los inmigrantes, y sobre todo a los que venían de
Medio Oriente y Europa del Este, es decir a ciudadanos del extinto Imperio
Otomano. Como respuesta los emigrados cambiaron su ruta hacia América Latina,
mirando esencialmente hacia Brasil y Argentina. México fue el cuarto país receptor
de la ola libanesa en América Latina.

Las primeras oleadas llegaron a Veracruz, Tampico y Progreso, fin de la ruta Beirut,
Marsella, Estados Unidos o Cuba. Al pisar tierra, una nueva vida empezaba. El
ejemplo que dieron los libaneses frente a situaciones extremas determinó a sus
descendientes a ser buenos ciudadanos.

Los inmigrantes provenientes de Líbano, han contribuido de forma indispensable a
crear un México multiétnico y plural. Sin duda alguna, la habilidad de los inmigrantes
provenientes del Medio Oriente ha ayudado a la nación mexicana a industrializarse y
capitalizarse de excelente forma. Lo cual ha posicionado positivamente a la
economía de México en la escena internacional.

A lo largo del tiempo, los emigrantes libaneses  han pasado  a formar parte
importante de la vida social, intelectual, económica y cultural del país, además de
que sus aportaciones han sido muy positivas y contractivas. Líbano se siente
orgulloso del lugar que hoy ocupan sus descendientes en México y en el mundo.

Como libaneses estamos orgullosos de nuestros emigrantes y descendientes por sus
logros en sus países adoptivos, por su integración en su sociedad y por sus
contribuciones constructivas en diferentes naciones. México es un buen ejemplo de
la presencia brillante de los libaneses en el mundo.

Fragmentos del Libro de Antonio Trabulse Kaim “Yo soy Líbano”y del artículo
“Immigrant Positioning in Twentieth Century Mexico: Middle Easterners, Foreign
Citizens and Multiculturalism”